–1900–
NUEVA EMPRESA PARA COMENZAR LA CENTURIA
Y ENTRADAS DE TENDIDO FALSIFICADAS EN LA FERIA DEL PILAR
En la época actual parecería incomprensible que a mediados del mes de abril todavía no se hubiese convocado el concurso para la explotación de la plaza de toros de Zaragoza. Pero lo cierto es que era precisamente a mediados de dicho mes del año 1900 cuando el texto con las condiciones de licitación se hacía público. El salto cuantitativo con respecto a la subasta anterior (26 de diciembre de 1892) resultó ser –a juicio de la gran mayoría– desorbitado. Si en la licitación de 1892 se habían pagado 23.600 Ptas. anuales más 20.798,78 Ptas. en concepto de obras de mejora, la cantidad mínima exigida se disparaba para la subasta referida a las 208.000 Ptas. por los ocho años por el primer concepto y 43.952,70 Ptas. por el segundo. De las sumas de ambas cantidades se deduce fácilmente que el canon se situaba en 42.353,92 Ptas. de incremento. Toda una barbaridad para la época.
Pero no quedaba ahí la cosa. En el capítulo de “contribución”, de las 850 Ptas. que se pagaban por una corrida de toros en el 83 se pasaban a las 1.500, un incremento que se aplicaba igualmente no sólo a las novilladas sino también a funciones llamadas de “acróbatas” seguidas de capeas con vacas. A todo ello, la empresa entrante debería tributar –además de los impuestos corrientes– los señalados por toro lidiado (que podría llegar a las 250 Ptas.) y uno especial por la venta de carne. Si no pareciera extraordinario, algunos matadores imponían en contrato el pago por la empresa del 2% que ellos debían aportar al fisco por cada actuación.
Al final, sería Francisco Navarro quien se haría cargo de la explotación del coso zaragozano.
Y si con estos antecedentes el empeño se imaginaba difícil, adelantado el año, el Ayuntamiento decide echar el resto en las Fiestas del Pilar y si Navarro proyectaba ofrecer tan sólo tres corridas, el Concejo “le anima” a ampliar el cartel hasta cinco. De este modo, Navarro diseña un ciclo con corridas los días 13, 14, 15 (ordinarias), 18 (extraordinaria) y 21 (la llamada del Comercio).
LLEGA LA FERIA DEL PILAR
Pero los grises nubarrones no tardan en aparecer –y no por lo avanzado del calendario, que resultaría lógico– sino porque una semana antes del comienzo de la feria se sabe que Bombita no podrá comparecer (al menos en su primera corrida) pues ha resultado cogido en Madrid. El parte facultativo deja lugar a las dudas pues refiere que: “el diestro ha sufrido una cornada de tres centímetros de extensión superficial y otros tres de recorrido subcutáneo en el tercio inferior, cara interna, del brazo derecho” que no interesa vasos ni venas. ¡Cómo iba a interesarlos si tal representa tan sólo un rasguño! diríamos hoy. Sería sustituído por su hermano Bombita Chico. Tampoco comparecería Antonio Fuentes en la primera corrida (lo reemplazaría Bonarillo) aduciendo enfermedad, que muchos atribuyen a la corrida de Aleas que había dispuesta en los corrales. Por tal motivo se devolvieron en torno a dos mil entradas, con el consiguiente quebranto económico para la empresa. También se caen del cartel de la última de feria Minuto y Bombita. Se rumorea que pueden ser sustituidos por Quinito y Litri pero al final hacen el paseíllo Faíco y Montes. De tal guisa, no es de extrañar que las entradas en las tres primeras corridas fueran muy flojas. Pero si ésta circunstancia resultaba inquietante para el empresario, más lo fue la aparición de una importante remesa de entradas falsificadas en la última función del ciclo… para rematar. ¡Sí, como se lee!. En el año 1900, billetes de toros ¡falsificados!.
La Feria en sí, depararía poca historia dentro del coso. Cada tarde, a partir de las dos y media y por 3,50 Ptas. el tendido, más de lo mismo. En la primera sólo se mojaron… los espectadores. Bonarillo sustituyó a Fuentes y Algabeño y Conejito (que sin estar anunciado vino a “reforzar” el cartel) pasaron sin pena ni gloria. En la segunda la lluvia dejó paso a un frío de los infiernos. El primero de la tarde (de Moreno Santamaría) se tumbó y cuando Conejito y su gente consiguieron ponerlo en pie, la labor se centró en mantenerlo sobre sus patas al menos para poder estoquearlo antes de un previsible nuevo derrumbe. El segundo fue devuelto por un supuesto defecto en la visión y su sustituto no hizo nada más bonito que saltar al callejón antes de que Villita le diera acero. Tampoco pudo lucirse Bombita Chico (que sustituyó a su hermano) y como luz natural tampoco quedaba… todos a casa y con las manos en los bolsillos. Mientras en la tercera se escenifica el paseíllo, los aficionados evocan el recuerdo de la retirada de El Guerra en este mismo ruedo, hace un año justo. La función, en la que se anuncian ante toros de Ibarra, Antonio Fuentes, Algabeño y Bombita Chico resulta algo más entretenida. La cuarta corrida también resultó pasable, merced sobre todo al emocionante juego que propiciaron los toros de Miura que estoquearon Fuentes, Conejito y Algabeño. Y para remate, el domingo 22 de octubre, a partir de las dos y cuarto se verificó la última corrida que, para más INRI, fue de ocho toros y duró hasta las seis de la tarde. Con un frío horroroso, un vendaval de los de aúpa y un tumulto histórico a la hora del comienzo –queda consignado el “incidente” provocado por las entradas falsificadas– hicieron el paseo Faíco, Villita, Montes y Bombita Chico para despachar un pésimo encierro de Félix Gómez.
carmelo moya
Bombita Chico
