–1963–

JAIME OSTOS ESQUIVA LA MUERTE EN TARAZONA

La celebración de una corrida de toros fuera de feria en Tarazona no dejaba de ser inusual a principios de la década de los ’60. ¿Motivo de que se celebrara en julio de 1963? Las Fiestas organizadas en honor a la Virgen del Carmen, Patrona de las Industrias Textiles y con motivo de la puesta en marcha del llamado “Plan Tarazona” que incluía la dedicación de una calle a Manuel Gutiérrez de Córdoba y la colocación de la primera piedra de un colegio, una zona residencial y una zona industrial. Además, la Cámara de Comercio entregaba a José Gutiérrez Tapia su Medalla de Plata. Tales celebraciones completaban una suerte de “Fiestas menores” que se dimensionaron de acuerdo a la correspondencia que los homenajeados (Industrias Textiles Turiasonenses, o lo que es lo mismo, la familia Gutiérrez) deseaban tributar a su ciudad y convecinos. Se sucedieron los actos religiosos, folklóricos y lúdicos –el martes 16 de julio ofrecieron una comida al aire libre a más de 300 invitados– a los que se sumaba la actuación en el Teatro Bellas Artes de la soprano Mirna Lacambra (considerada turiasonense pues en la ciudad del Queiles pasó varios años de su niñez) y Bernabé Martí (esposo de Montserrat Caballé) considerado como el mejor tenor spinto de España.

Pero para muchos, la verdadera fiesta tendría lugar en la plaza de toros. El cartel programado resultaba de la máxima categoría. Ángel Peralta rejonearía un toro de Barcial y en lidia ordinaria, Jaime Ostos, Santiago Martín El Viti y El Caracol darían cuenta de un encierro de José Ramos Matías y Hermanos.

Jaime Ostos había recalado a Tarazona el primero de todos y había disfrutado la noche anterior de los festejos programados. La corrida de Ramos Matías, todo hay que decirlo, obedecía en presencia y trapío a una plaza de toros de tercera categoría con primeras figuras. O sea, sin exageraciones. El resultado de su juego sería harina de otro costal.

La plaza registraba un lleno como hacía años. Las localidades de tendido, sin numerar, dificultaban extraordinariamente el acomodo de los espectadores, mayormente de aquellos más tardanos. Abrió plaza Ángel Peralta que demostró con una monta espectacular su gran dominio de las cabalgaduras. Tras una buena actuación debió echar pie a tierra para descabellar y el premio quedó en vuelta al ruedo.

El primer toro de lidia ordinaria –de nombre “Nevado”– le correspondió a Ostos, mostrándose voluntarioso con el capote. El toro salía suelto de los vuelos del capote y no era tarea fácil conducirlo toreado. Ya con la muleta en la mano, Jaime Ostos brindó su faena al señor Gutiérrez Tapia. Las ráfagas de viento y una acusado defecto del toro –que se vencía por el lado derecho– dificultaban la armonía de los muletazos.

Julio Pérez Vito, subalterno de la cuadrilla de Ostos recuerda:

Blanco había corrido el toro y lo habíamos fijado bastante bien, pero nos dimos cuenta que se vencía por la derecha. Se lo dijimos a Jaime y por eso empezó a torear con la izquierda (…) cuando el toro iba al engaño, una ráfaga de aire le llevó la franela al cuerpo. No esperamos más. Salimos como locos, porque vimos lo que iba a pasar.

En efecto, cayó el torero e inmediatamente se llevó la mano a la herida, de la que manaba la sangre a chorros. Una vez el torero en la enfermería, el doctor Félix Ylarri y sus ayudantes, intentaban contener la terrible hemorragia. Enseguida acudió a colaborar el doctor Antonio Val-Carreres que había acudido como espectador animado por su colega y amigo, el también doctor Rodríguez Campoamor. Es imaginable el clima de dramatismo que reinaba a las puertas de la enfermería. Los comentarios eran de lo más desesperanzadores. Todavía más cuando se corrió la voz de que se precisaban donantes de sangre. Las cuadrillas de jóvenes espectadores habían hecho callar la música durante el resto de la corrida.

La rápida intervención de Ángel Peralta al realizar un fuerte torniquete nada más llegar hasta el torero había resultado providencial. El doctor Val-Carreres –asistido por el propio doctor Ylarri– comienza a explorar la herida y de inmediato dispone una transfusión de sangre –que en total sumaría cinco litros– pero lo más importante, de momento es contener una tremenda hemorragia que provoca el descenso de la tensión a dos. Ante tal panorama, aunque sin perder la calma, se requieren los auxilios de un sacerdote que administre al matador la Extremaunción. Al tiempo, es requerida la presencia del apoderado a quién Val-Carreres comunica:

– Hay que operar a vida o muerte.

–Adelante, doctor -responde el representante del torero- que sea lo que Dios quiera.

Y el doctor zaragozano comienza aplicando dos grandes paños esterilizados dentro de la herida. Con sus propias manos ejerce una fuerte presión sobre la vena ilíaca durante casi media hora. Le relevaría Rodríguez Campoamor. Tras una hora aproximadamente de máxima presión sobre la vena se logra contener la hemorragia y el turiasonense doctor Ezquerra lleva a cabo una transfusión de cinco litros de sangre cuyas consecuencias inmediatas son muy esperanzadoras: la tensión se eleva de dos a cuatro. En este crucial momento se liga la vena y tras suturar la herida y desinfectarla convenientemente, se da por concluida una intervención que ha durado alrededor de cuatro horas.

El parte médico emitido por el doctor Ylarri a última hora de la tarde, señala textualmente:

Durante la lidia del primer toro ingresó en la enfermería el matador de toros Jaime Ostos, que presenta una herida por asta de toro en la cara anterior del tercio superior del muslo derecho, de unos siete centímetros de extensión, con una trayectoria ascendente que desgarra el músculo sartorio y penetra por la arcada crural, rompiendo la vena ilíaca externa, provocando grandes destrozos en el espacio retroperineal y copiosísima hemorragia más intenso schok hemorrágico que hizo precisa la transfusión de cinco litros de sangre. Pronóstico gravísimo. Queda hospitalizado en la enfermería de la Plaza de Toros, por no poderse trasladar debido a su estado. Dr. Félix Ylarri.

El jueves 18 de julio Ostos es trasladado en ambulancia y con todo tipo de precauciones a la clínica del doctor Val-Carreres en Zaragoza. Le acompañan, además del equipo del anestesista recuperador Fernando Tormo; su esposa, Consuelo Alcalá; su padre y sus hermanos. El primer parte firmado por Val-Carreres desde su clínica se emite a las nueve de la noche. En él se expresa la mejoría del paciente, estado que se confirma en el parte emitido a la una de la madrugada y que se mantendrá en los sucesivos del viernes 19. La recuperación de Ostos es ya una realidad.

El domingo 21 de julio, la plaza de toros de Zaragoza rinde un respetuoso homenaje al doctor Val-Carreres al inicio de la novillada que se celebra en la Misericordia y en la que José Fuentes, que se presenta, consigue un éxito clamoroso. Es el reconocimiento común y al unísono ante una actuación prodigiosa que ha salvado la vida al torero de Écija. Pero mientras Val-Carreres disfruta estos momentos agradables, el equipo médico que dirige en la plaza de toros de Tarazona el doctor Ylarri se ve obligado a emitir una carta abierta a la prensa nacional en la que, ante las manifestaciones de ciertos medios sensacionalistas, se critica el estado de las enfermerías de plazas de toros de la “categoría” de la que él mismo es responsable. De su firma se hacen solidarios el resto de médicos turiasonenses.

Con motivo de la grave y lamentable cogida que el distro Jaime Ostos sufrió en la Plaza de Toros de esta ciudad el día 17 de los corrientes, los médicos de la misma, tanto los componentes de dicha Plaza de Toros, como los del resto de la localidad, hemos podido observar, con el consiguiente desagrado, la publicidad sensacionalista y en muchos casos con errónea información que sobre la asistencia al diestro y detalles de la enfermería se han dado. Campaña que ha ido degenerando hasta llegar a ser ofensiva, para nosotros, los médicos de Tarazona y para la Ciudad misma:… «Ostos hubiera muerto en la pobre enfermería de la plaza de toros de Tarazona, como murieron otros toreros en enfermerías semejantes».

La cogida sufrida por el diestro es una de las más graves que se dan en la Fiesta de los Toros. Como Ud. recordará, aparte de otras lesiones internas producidas por heridas de asta de toro, penetrante en abdómen, como constaba en el parte facultativo dado por el Dr. Ylarri, Jefe de la enfermería, nombrado por el Montepío de Toreros desde hace 25 años, sólo queremos destacar la rotura de la ilíaca externa, vaso mucho más importante que la femoral, tan manida en los partes facultativos y que ha costado la vida a más de un diestro. Si a esa lesión le agregamos el consiguiente shock traumático, la anemia aguda por hemorragia y el resto de las lesiones, todo cirujano ante un cuadro semejante pronosticaría un desenlace fatal. Pues bien, con ese cuadro y… «en la pobre enfermería de Tarazona»…, se disponía de medios suficientes para llevar a cabo el tratamiento oportuno y necesario: Una intervención de «gran envergadura».

Si bien es verdad que la enfermería de las plaza de toros de Tarazona no es un palacio suntuoso para producir efectos espectaculares y teatrales a los profanos, sí dispone de los medios suficientes para llevar a cabo tratamientos prácticos, oportunos y necesarios, y así es desde el momento que el Ilmo. Sr. Jefe Provincial de Sanidad, dió su conformidad a la misma, pocos días antes de celebrarse el espectáculo.

Hagamos ahora resaltar los múltiples factores que han intervenido en la favorable evolución del trágico accidente: Fue primero la rapidísima y eficaz intervención del rejoneador D. Ángel Peralta lo que permitió que el diestro llegase con vida a la enfermería; fue la valiosa colaboración de «todos» los médicos asistentes a la corrida, que se pusieron a disposición del equipo titular; fueron los donantes de sangre, desinteresados, los que hicieron posible una transfusión de cinco litros cuando se terminaba el litro de sangre que, reglamentariamente, existe en la enfermería y fueron los múltiples factores que la divina providencia dispuso de tal forma para que Jaime Ostos siga viviendo, y no fue un sólo médico el que actuó en una pobre enfermería sin medios y sin equipo el que salvó la vida a Jaime Ostos, ya que se puede afirmar que el diestro no hubiera sobrevivido de no disponer de los elementos citados.

No nos importa que hayamos sido olvidados en esta campaña sensacionalista, pero sí es más importante que hayamos sido despreciados por una parte de la Prensa Regional y Nacional.

(…) ¿Quiénes hubieran sido los actores si Jaime Ostos no hubiera sobrevivido?

Seamos consecuentes y realistas. y digamos: «Que Jaime Ostos fue operado de una lesión gravísima, de las que mueren algunos diestros y en plazas de más categoría, en la enfermería de la plaza de toros de Tarazona de Aragón.

Esperando haber cumplido una obligación más en defensa de nuestra profesión y de nuestra Ciudad, le saludan: F. Ylarri, Jefe de Equipo.–J. Ezquerra.–T. ZuecoA. ArandaG. CisnerosE. PlanéJ. R. ZuecoA. L. CisnerosL. Buj. Tarazona, 26 de julio de 1963.

En cualquier caso, de la recuperación de Ostos ya todo se puede imaginar. Pero la fiesta en Tarazona seguía y el jueves 18 de julio, dentro del programa de festejos con motivo de la Virgen del Carmen, se había programado una novillada de aspirantes en la que se disputaba el trofeo conocido como la “Oreja de Plata”. Dicho galardón fue a parar a las manos del zaragozano Ángel Liarte que se erigió en triunfador de la tarde. En aquella ocasión comenzaba a sonar el nombre de un chavalillo de Ejea de los Caballeros, Miguel Peropadre, al que todos conocían por su apodo: Cinco Villas. Precisamente ese el nombre que luce la plaza de toros de Ejea, en su memoria, que en el año 1961 se inauguró. El domingo 10 de agosto (qué coincidencia, Miguel perdió la vida en accidente de tráfico un 10 de agosto) de aquel año, Ángel Agudo El Greco se convirtió en matador de toros de manos de Dámaso Gómez y en presencia de Rafael Girón.

carmelo moya

Zaragoza, 17-7-1963.- El diestro Jaime Ostos, acompañado de su madre y su esposa, Consuelo Alcalá, se recupera en la clínica de San Ignacio, en Zaragoza, tras la cogida sufrida por un toro de Ramos Matías en la plaza de toros de Tarazona de Aragón.- EFE.

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